Severo Ochoa

Acceso Privado
Usuario
Contraseña
Acceder

Fisiología celular, transformaciones energéticas y enzimas

Severo Ochoa supo acercarse
a los grandes líderes científicos
de su especialidad

Desde muy joven, Severo Ochoa supo acercarse a los grandes líderes científicos de su especialidad, en busca de la dirección y orientación necesarias para su carrera. Pronto colaboró con algunos de los científicos que ensanchaban de forma intensa las fronteras del conocimiento en la vieja Europa. Su presencia en Alemania e Inglaterra le permite colaborar con figuras como Meyerhoff y Peters, al tiempo que le abre las puertas del ambiente investigador de mayor relevancia. Su encuentro con investigadores consagrados y con otros que alcanzarían posteriormente la cima del reconocimiento científico, consolida su formación, le abre al entusiasmo por los avances en el conocimiento de los seres vivos, en especial el funcionamiento de sus procesos esenciales como la obtención y utilización de energía para los procesos vitales, y le confiere las capacidades de un investigador maduro.

Los avatares de la situación española, en 1936, le convencen de la necesidad de emigrar para seguir en la investigación, con lo que se convierte en un exiliado científico. Los conflictos que afectan a Europa le llevan más tarde a buscar, en el Nuevo Mundo, el lugar donde poner en práctica sus capacidades para el trabajo científico. Continúa su acercamiento a los investigadores más destacados. Carmen resulta la compañera imprescindible que alienta e inspira sus mejores anhelos, ayudando a superar las dificultades esenciales. La nostalgia por una España en la que fuera posible una dedicación a la investigación se adueña de Ochoa en su acceso al otro lado del Atlántico.

Tras una estancia de dos años con el matrimonio Carl y Gerty Cori (ambos premios nobel), en San Louis (Missouri) logra trabajar como investigador independiente dirigiendo sus propios proyectos, siempre animado por la clara visión de Carmen que le señala que ha llegado “su momento”. Ello tiene lugar en Nueva York, en 1944, lo que sería el inicio de una larga y fructífera estancia en esta ciudad única. La madurez le lleva con pasos seguros a consolidar paulatinamente su posición en la Universidad de Nueva York (en la que dirigiría sucesivamente los departamentos de Farmacología y de Bioquímica), su laboratorio se convierte en referencia mundial para los estudios sobre enzimas, un centro en el que solicitan la oportunidad de trabajar investigadores de todo el mundo. El reconocimiento mundial no le aparta de su objetivo: avanzar en el conocimiento de los enzimas y el metabolismo de las células.